- La Noël où la nuit a été jour -
Capitulo I
25 de Diciembre del 2010.
Saint-Émilie, Provincia de Québec.
23:55h. Christmas Eve.
Este año, nuestra casa es la que esta mejor adornada y seguro que nos llevaremos, el primer premio. Aun quedan cinco minutos, para que iluminemos la ciudad. Es un momento mágico, único. Hay que vivirlo para sentirlo. Imaginar estar con los tuyos y los copos de nieve cayendo encima de vosotros. Cantando villancicos. Y mires a donde mires, todas los resquicios que tengas con tus vecinos, se olvidan. Todo es felicidad y alegría.
Mis hijos Anthony y Annabel, de 5 y 8 años respectivamente. Han puesto toda su ilusión, en esta noche. Ya han dejado sus calcetines en la chimenea, para que Santa les traiga, sus regalos. Será sin duda, la mejor Navidad de todas.
Sophie, mi adorable esposa ya tiene preparado, el pavo relleno. A ver, si esta vez no tenemos una indigestión, como ocurrió el pasado año.
Todo son nervios a flor de piel. No he olvidado ningún detalle. Pinos, Gnomos, Renos, Guirnaldas, Luces de colores, Focos y un equipo de audio Bose, que se lo pedí a mi cuñado. Ya queda poco…
Suerte que compre pilas para el mando ayer. Estaba metido en la cama y me desperté. No había caído en la cuenta. Así que me vestí y me fui, a un Seven Eleven. Mis hijos no me lo hubiesen perdonado.
- Sophie. Annabel. Anthony. ¡Venid, rapido! – Exclamo Phillip.
La puerta de casa se abrió. Mis pequeños salieron como una exhalación. Sophie había cogido la cámara de video, y me saludaba para que mirara al objetivo. Tenia que quedar un recuerdo, de esta noche.
Anthony ya lo tenía enganchado en mi cuello. Y Annabel bien agarrada a mis pantalones. Sophie, se acerco y me beso en mi mejilla.
- Este año te has salido, cariño – Dijo Sophie.
- Eres el mejor, Papa – Verborreo Anthony. Abrazándome tan fuerte que casi me quita la respiración. Me limite a sonreír. Tenía un cosquilleo enorme, en mis tripas.
Annabel estaba nerviosa, inquieta. No paraba de morderse las uñas y de mover frenéticamente, su pie derecho sobre la nieve. Le acaricie la cabeza. Y ella, me devolvió una dulce sonrisa.
- ¿Cuanto falta? – Dijo quejicosamente, Annabel.
- Familia. Contad conmigo.¡ Tres. Dos. Uno. Cero…! – Exclamaron al unísono.
Todo fue Luz. Sueño. Oscuridad y Silencio…
27 de Diciembre del 2010.
Saint-Émilie, Provincia de Québec
12:02h.
No se que ha pasado. Me habré desmayado. No lo se. Veo a Sophie tumbada junto a mí. Pero no veo a los niños. Me levanto y veo que no he sido el único. Los gritos suenan como voces lejanas. Recupero poco a poco la conciencia.
Me acerco a la manguera del jardín y me refresco. Sophie yace en el suelo. Me acerco y la incorporo.
- Sophie. ¿Te encuentras bien? – Pregunto Phillip.
Tímidamente va abriendo los ojos. Y me sonríe. Se despereza como un recién nacido.
- Buenos días, cariño. Que bien he dormido – Dijo Sophie.
La mire. Y le pregunte, aunque sabia creer la respuesta.
- ¿Has visto a los niños?. Algo ha pasado. – Dijo Phillip.
Sophie se sobresalto. Pensaba que estaba en la cama. Pero estábamos en el medio del jardín.
- Anthony. Annabel. ¿Donde estáis?.- Dijo fuertemente Sophie.
Los dos seguimos gritando sus nombres. Todos los vecinos hacían lo mismo por los suyos. Las horas pasaron. No tuvimos noticias. No entendíamos, el porque. Según mi reloj habíamos estado inconscientes, casi dos días.
- ¿Que ha ocurrido? – Pregunto Sophie.
- No lo se. Y los niños. ¿Dónde están? – Dijo Phillip.
Se acercaron cientos de personas. Gente como nosotros. Que no sabían donde estaban sus hijos. Al parecer, solo habían desaparecido los menores de edad.
Sophie intento llamar a la policía. No había línea. Ni con los móviles o internet. No había ni radio ni televisión. ¿Que ha ocurrido?.
Aun, seguíamos aturdidos. Como fantasmas borrachos vagabundeando por las calles. La cabeza nos dolía. Una jaqueca enorme.
- Mis niños. Donde están mis niños – Grito entre sollozos Sophie, desgarrada de dolor.
- Tranquila, cariño. Tiene que haber una explicación.- Dijo Phillip.
La tiene que haber. No puede haber ocurrido así de repente. O si. No lo se. La cabeza me da vueltas. Sophie esta de rodillas suplicándole a dios. Yo no soy creyente.
La ciudad esta como loca. La gente pasa corriendo enfrente de mi casa. No ven a los coches. Se mueren.
Entro en casa. Me voy a la nevera. Cojo una cerveza. Me siento en mi sofá. La señal de televisión vuelve. Hace casi 10h que nos despertamos.
27 de Diciembre del 2010.
Saint-Émilie, Provincia de Québec
21:40h.
La emisión es torpe. Con saltos de imagen. Las voces no se entienden. Cambio de canal. Lo mismo ocurre. Sophie entra en casa. Se sienta a mi lado. Estamos a la espera. Alguna noticia que nos diga que ha sucedido.
- Dios. ¿Qué esta pasando?- Dijo Sophie.
Yo solo pensaba. Me costaba. Me venían flashes. Extraños. No los podía poner en orden. Mi cabeza era un caos.
- No lo se Sophie. No lo se- Dijo Phillip.
Me sorprendía mi entereza. Nunca había sido así. Mis niños han desaparecido. Pero estoy tranquilo. No lo entiendo.
La imagen cada vez era mejor. Los sonidos se convirtieron en voces. Las voces en palabras. Y las palabras en hechos.
Fuera lo que fuese lo que había ocurrido. Paso en todo el mundo. Occidental y Oriental. A escala mundial.
Se fue recuperando la normalidad. Volvió la línea telefónica. Todo. Como si no hubiese ocurrido nada.
Todo el mundo estaba paralizado. Mirando de forma hipnótica la televisión. Parecíamos autómatas. Poco a poco, las noticias llegaron. El Presidente se dirigió a la Nación.
- Por favor. Que nos diga que ha pasado- Dijo Sophie golpeándose sus piernas.
La tranquilice. Le bese su frente. Y la abrace muy fuerte. Juntos, enfrente el televisor.
No lo creía. Era increíble. Cada nueva aclaración, creaba un mar de dudas, en mi cabeza. El mensaje finalizo. Apague la televisión. Mire a Sophie.
- No puede ser verdad, cariño- Dijo Phillip.
Ella me devolvió la mirada. Me acaricio dulcemente mi mejilla izquierda. Me beso. Y se fue a la cocina. Me quede solo. En silencio.
Estaba estancado. No era posible. Me bebí lo que me quedaba de cerveza. Me levante. Fui a la cocina. Quería estar junto mi mujer.
- Sophie, Sophie. ¿Qué has hecho?. Por dios. Mi vida. ¿Porque? – Dijo Phillip mientras se acercaba, al cuerpo cubierto de sangre de Sophie que yacía en el suelo.
Me quede junto a ella. No podía hacer nada. Se había cortado la yugular con un cuchillo de cocina. La sangre empezó a cuajarse. El calor se convirtió en frió. Helado. Muerte.
Las horas pasaron. Me levante. Cogi una manta. Y la cubrí. Era mi mujer. Y no pude despedirme. Ella si lo hizo. Le destape la cara y me estire a su lado. Me dormí. Junto a ella. Por última vez.
- Te quiero, Sophie. Siempre te querré. – Dijo Phillip antes de dormirse. Cogiendose a su mano fuertemente.
29 de Diciembre del 2010.
Saint-Émilie, Provincia de Québec
10:16h.
Me desperté. Mire a Sophie. Ya no era la misma. Mire mi reloj. He estado dormido un día entero. La televisión sigue emitiendo. Las noticias llegan. Las primeras imágenes.
La ciudad esta en silencio. No pasan coches. No hay movimiento.
- Anthony. Annabel. ¿Donde estáis? – Dijo Phillip.
La televisión da consejos de supervivencia. Pero nada del paradero de los niños. ¿Dónde están?. ¿Qué les ha ocurrido?. Por fin, la jaqueca va desapareciendo. Empiezo a pensar con claridad.
- Sophie. Mi querida Sophie. – Dijo Phillip girando su mirada hacia la cocina. Apoyando su mano sobre su cabeza.
Subo al dormitorio. Voy a la ducha. Me paso mucho tiempo debajo el chorro de agua. Despertare. Ha sido una pesadilla. Todo será normal, de nuevo. Abro los ojos. Veo con claridad. Es real. Todo es real.
Me visto con lo primero que encuentro. Cojo mi pistola de mi cajón de la mesita. Las llaves del coche. Chaqueta. Y bajo al comedor.
Veo a Sophie. Creo estar viéndola despierta y preparando un café. Es una ilusión. Me acerco. La beso. Tapo su cara. Voy a salir al jardín.
La luz me ciega. Dura unos instantes. Miro a mí alrededor. Veo a gente ahorcada. O que se han disparado en la cabeza. Otros rezando en plena calle. Casas ardiendo. Lloros. Sollozos. Gritos.
Algo me empuja a mirar hacia el cielo. Esta teñido de rojo. Sangre. Veo una sombra en el horizonte. Es grande. Enorme.
- ¿Qué narices es eso? – Pensó Phillip.
Las noticias decían la verdad. No lo creía. Pero, era cierto. Habían llegado. Y nos estaban aniquilando.
Tengo que ir a casa de mis padres. Tengo que saber como están. No puedo tardar más.
Llego a la puerta del garaje. Subo la puerta. Entro en el coche. Lo arranco. Ronronea. Esta frió. Le doy al Starter. Empiezo a moverme.
Un rugido golpea con fuerza el aire. Veo un sinfín de naves extrañas surcando el cielo. Aviones militares persiguiéndolos. Los nuestros caen. Los suyos no.
- Hay que parar esto como sea – Dijo Phillip, alejándose de su casa.
Uno de los nuestros cae encima de mi casa. Todo estalla en una gran explosión. Adiós, Sophie. Debo seguir. No puedo parar. Porque, estoy tan tranquilo. Debo entenderlo. ¿Por qué?. Mis hijos. Debo encontrarlos.
Pero, antes tengo que ver a mis padres. Necesito dinero. Y más balas. Poco les haré. Pero, alguno me llevare consigo.
- Esperadme, hijos míos. Os encontrare – Dijo Phillip, apretando con fuerza, el volante de cuero del coche.
29 de Diciembre del 2010.
Saint-Émilie, Provincia de Québec
11:48h
Me dirijo a Beauport. Allí están mis padres. Las calles están casi desiertas. Se oyen estallidos. Explosiones. Gritos. Se callan. Silencio.
Les llamo. Comunican. ¿Estarán vivos?. Eso espero. Les quiero. Es lo único que me queda.
La radio hace veinte minutos, que no dice nada. Se ha perdido de nuevo la señal. Sigo viendo a la gente. Lanzándose al vacío. Uno cae cerca del coche. La sangre me salpica en la cara. Caliente. Me la quito. Sigo hacia delante. Ya casi he llegado.
Vuelvo a llamarles. No hay señal.
- Por favor, contestad – Dijo Phillip, lanzando el móvil por la ventanilla.
Tendré que comprar otro. Si todo, vuelve a ser como era. Veo la casa. Esta medio derruida. Fuego. Llamas. Azufre. Paro el coche. Tengo que encontrarlos.
Demasiados cuerpos. Muertos. Carbonizados. Humeantes.
- Papa. Mama. Soy yo Phillip. ¿Dónde estáis?. ¿Me oís? – Gritaba Phillip, y el eco de su voz retornaba frió y silencioso hacia él.
Los encontré. Muertos. Sin vida. Mi madre, lleva el colgante que le regale. Mi padre tiene que ser este. Veo sus gafas. Están muertos. Estoy solo. Completamente solo.
Alguien se acerca. Esta desfigurado. Su sangre mancha la acera. Me pide ayuda. Se la doy. Desenfundo mi pistola. Disparo. Muere. ¿Por qué lo he hecho?. No he dudado. Soy un monstruo. Tal vez debería hacer como Sophie. Acabar con todo esto.
- ¡No!. Debo encontrar a mis niños – Pensó. – He de seguir adelante – Dijo Phillip, volviendo hacía el coche.
Me siento. Lloro. No se a donde ir. La radio emite de nuevo. Segundos. Aun quedan supervivientes. Están en Vanier. Tengo gasolina suficiente. Tengo que ir. No estoy solo.
- ¡Adelante Phillip. No te rindas! – Suspiró.
Me reclino un momento. Cierro los ojos. Me relajo. Siento una presencia. Es un imán. Me atrae. Que sensación más extraña. Calidez. Hogar. Bienestar. Desaparece. Abro mis ojos, de nuevo. Enciendo el coche. Me muevo.
Adiós Papa. Adiós Mama. Os quiero.
- Es una pesadilla. ¡Quiero despertar! – Dijo Phillip, pasándose sus manos por su sudorosa frente.
Llegare a Vanier en pocos minutos. Espero que seamos muchos. No se si podremos resistir. Debemos intentarlo. Por nosotros. Por todos. No veo la luz al final del túnel.
Anthony. Annabel. Sophie. Lo haré por vosotros. Os querré siempre.
Voy demasiado rápido. Se cruza una joven. La atropello. Veo un muro.
Todo fue Luz. Sueño. Oscuridad y Silencio…
martes, 17 de marzo de 2009
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